José Antonio Martel gana el Andaluz y Antonio Barahona el Pintura Rápida «Pedro Lobato Hoyos»

El arte ha sido protagonista este fin de semana con la ya tradicional doble cita pictórica de septiembre. Por un lado, el fallo del jurado del Certamen Andaluz de Pintura «Villa de Ubrique», que en su 56 edición ha reconocido el trabajo presentado por el ubriqueño José Antonio Martel Guerrero y el esperado Pintura Rápida «Pedro Lobato Hoyos», que tras el parón del pasado año a causa de la pandemia, volvía a celebrarse en el Casco Antiguo de la localidad para deleite de los aficionados. El sevillano Antonio Barahona se hacía con el primer premio del concurso. Con ambos hemos conversado hoy en La Mañana de Radio Ubrique.

De los 85 artistas que concurrían el pasado 4 de septiembre al Concurso de Pintura Rápida «Pedro Lobato Hoyos», tres ubriqueños obtenían el reconocimiento del jurado, Gloria Mª Vázquez Martínez, se llevaba el décimo octavo premio (400 euros que entregaba Fornituras Medinilla), junto con José Luis Mancilla, que obtenía el quinto premio  (750 euros patrocinado por Godoy) y José Antonio Martel que con el octavo premio (550 euros de otorga Nupren), hacia doblete el sábado.

El trabajo propuesto por Martel para ambas convocatorias ha sido laborioso, apostado por mantener su identidad pictórica. Sobre todo en el caso de la pintura presentada al Certamen Andaluz, donde «he confiado en mi estilo e intentando hacer algo personal». La obra «Luz de tarde» es una lejanía de Benaocaz, tomada desde el peñón Gordo, con la iluminación de una tarde nubosa en primavera. El juego de luces y sombras captó la atención del pintor que no dudo en fotografiar el paisaje. Desde entonces ha estado madurando hasta fraguarse definitivamente este verano. Durante todo un mes ha trabajado en la pintura de gran formato (1,80 x1,30) de forma continua, «confiando en mi estilo».

Para poder concurrir al Andaluz, los pintores locales han debido pasar primero por el filtro del Certamen Local, un premio que hace más de 40 años conseguía José Antonio Martel. Esta es además la segunda ocasión en la que consigue el reconocimiento del Andaluz, ya hace unas décadas ganaba el por aquel entonces denominado Regional, habiendo además obtenido en varias ocasiones menciones como finalista.

La constancia en la participación de las convocatorias pictóricas locales se traslada también al Pintura Rápida, aunque tal y como el artista asegura se sienta más cómodo con la obra de estudio. Para la X edición del «Pedro Lobato Hoyos», recorría hace una semana el Casco Antiguo fotografiando escenarios posibles, sobre los que elaboró posteriormente tres bocetos. Uno de esos bocetos servía de modelo para elaborar el cuadro, ya que las condiciones de luz cuando se pinta al natural cambian con rapidez y dificultan el proceso creativo. Todo este proceso previo y la elaboración de la obra «in situ» el pasado sábado, le ha valido el 8º premio del «Pedro Lobato Hoyos» en esta edición pandémica.

Aunque ambas propuestas han sido muy trabajadas, también reconoce que influye el factor suerte, sobre todo porque las tendencias cambian en el fallo. El jurado de este año compuesto por Salomé del Campo, licenciada en Bellas Artes, la artista ecijana Virginia Bersabé, licenciada en Bellas Artes y Helena Caranca, licenciada en Historia del Arte y experta en gestión cultural decidían premiar su trabajo en ambas citas.

El segundo premio del LVI Certamen Andaluz de Pintura, recaía en Leonor Solans Gracia, con la obra «Niña gitana o Lucía», mientras que Fermín García Villaescusa con «La espera» obtenía mención de honor.

José Antonio Martel, ganador del LVI Andaluz  de Pintura y del 8º premio de la X edición del «Lobato Hoyos» 

 

José Antonio Martel coincide con el ganador del «Pedro Lobato Hoyos», Antonio Barahona Rosales al considerar un acierto la exposición de las obras previa al fallo en el circuito de la calle Real y Perdón. Una novedad adoptada para evitar las aglomeraciones que ha permitido observar los trabajos de manera más pausada.

Barahona no es un artista ajeno en la localidad, los lazos de amistad que los une con pintores ubriqueños le obliga cada año a concurrir en el Pintura Rápida. Una cita a la que no falta desde hace 17 años a pesar de que en la actualidad se dedica exclusivamente a desarrollar su proyecto artístico en estudio. Para el sevillano, el concurso que lleva el nombre de otro pintor amigo, Pedro Lobato Hoyos, es un momento especial e «ineludible», un día en el que «los pintores celebran la pintura». Los aficionados son otro elemento identitario del concurso, junto con el escenario urbanístico en el que se desarrolla y que lleva plasmando bajo su mirada artística, desde que Cristóbal Ríos impulsará la iniciativa.

Aunque en estos 17 años ha acumulado diversos premios en el Pintura Rápida, los más reciente en 2018 (un tercero) y en 2017 (cuarto premio), esta es la primera vez que obtiene el primer premio. La obra reconocida recoge uno de esos espacios de luz y piedras encaladas, que tanto inspiran al artista, el Peñón de la Becerra que ya ha plasmado en otras ocasiones. Al margen del pintura rápida de Ubrique, Barahona también ha sido dotado con el primer premio del Regional en 2016.

La bolsa de premios de la X edición del «Pedro Lobato Hoyos», con montante de 11.575 € ha quedado repartida de la siguiente forma:

1º Premio de 1.500 € y placa patrocinado por el Ayuntamiento de Ubrique, para Antonio Barahona

2º Premio de 1.250 € patrocinado por la Fundación Isabel Domínguez León, para Ana Sánchez Lucas

3º Premio de 1.150 € patrocinado por la Diputación de Cádiz, para Manuel Castillero

4º Premio de 1.000 € patrocinado por Artilab, para Eduardo Gómez Query.

5º Premio de 750 € patrocinado por Godoy, para José Luis Mancilla Angulo.

6º Premio de 600 € patrocinado por Aqualia, para Jerónimo Díaz García.

7º Premio de 600 € patrocinado por Distribuciones Oñate Gómez, para Pepe Baena Nieto

8º Premio de 550 € patrocinado por Nupren, para José Antonio Martel Guerrero.

9º Premio de 500 € patrocinado por SM Servicios Inmobiliarios para Cristina Díaz García.

10º Premio de 450 € patrocinado por Instaladora Eléctrica Ubriqueña para Cristóbal León García

11º Premio de 425 € patrocinado por Pinturas y Accesorios Peña para Antonio Cantero Tapias

12º Premio de 400 € patrocinado por Fercave Asesores para Jaime Jurado Cordón

13º Premio de 400 € patrocinado por Pinturas Rafa para Julio García Campos

14º Premio de 400 € patrocinado por Basica para David Serrano

15º Premio de 400 € patrocinado por Mapfre para José Manuel Caballero

16º Premio de 400 € patrocinado por Fornituras Sierra para Manuel Fernández Lozano

17º Premio de 400 € patrocinado por Queso Payoyo para Emilio Nieto

18º Premio de 400 € patrocinado por Fornituras Medinilla para Gloria María Vázquez.

Las obras del Andaluz se pueden visitar en la Sala de Exposiciones del Mercado, mientras que las obras ganadoras del Concurso de Pintura Rápida se podrán ver en el Centro de Interpretación de la Historia de San Juan de Letrán durante todo el mes de septiembre.

Antonio Barahona Rosales, primer premio en el X Concurso de Pintura Rápida «Pedro Lobato Hoyos».

Viajes Carrefour desgrana la unión de culturas, historia y gastronomía de Córdoba

Con el inminente fin del verano y la consiguiente llegada del otoño, los destinos de las escapadas cambian y ya entrados en el mes de septiembre, de la mano de Jorge Carrasco, de Viajes Carrefour, hemos conocido uno de esos que se presenta como ideales para un fin de semana o uno de los varios puentes que se avecinan: Córdoba. Se trata de la ciudad más importante de la antigua Al-Andalus, que ha sabido mantener su legado convirtiéndose en una de las ciudades con más encanto de España gracias a su unión de culturas, su historia y su gastronomía.

Su joya de la corona es la Mezquita-Catedral, un templo clave en todo el occidente islámico y el monumento más visitado de la ciudad califal. Con más de 13 siglos de historia, ha servido como lugar de culto para visigodos, romanos y cristianos y refleja a la perfección el poder del califato así como la fusión del arte musulmán con otros elementos cristianos. Ubicado a pocos metros del Puente Romano, llegó a ser la mezquita más grande del mundo. Como curiosidad encontramos que no está orientada a La Meca sino que apunta al Guadalquivir. Sirve además como cementerio de célebres escritores como Góngora.

Pero Córdoba no es sólo su mezquita y otra visita obligada es la Judería, reflejo de la ciudad. En pleno corazón de la ciudad, este barrio judío se presenta como un viaje al pasado con un laberinto de calles donde repasar la historia de la localidad y entender el estilo de vida de las tres culturas que coexistieron durante siglos (cristianos, musulmanes y judíos). Otro punto de interés y uno de los monumentos más visitados de Córdoba es el Alcázar de los Reyes Cristianos que ha servido como cuartel militar, residencia real, cárcel y centro administrativo entre otros.

Además de ello encontramos el Palacio de los Marqueses de Viana, que cuenta con 5 siglos de historia. Cuenta con una colección de patios cordobeses entre sus más de 6.000 metros cuadrados. Ubicado en pleno barrio de Santa Marina, cuenta con biblioteca, armas de fuego de época, varias obras de Goya o una colección de azulejos. Entre sus atractivos al aire libre encontramos la Plaza de la Corredera, que acoge actualmente eventos como la Noche Blanca del Flamenco, o la Plaza de las Tendillas, reconocible por la estatua ecuestre de Gonzalo Fernández. Su símbolo es el reloj de un edificio que da las horas y los cuartos con fandangos.

Todo ello sin olvidar el Puente Romano, primer puente de piedra que atravesó el Guadalquivir y que da cuenta de que la Vía Augusta que unía Roma con Cádiz atravesaba este lugar. En su entorno destacan los molinos de época medieval.

Por último, a 7 kilómetros de la ciudad encontramos Medina Azahara. Su visita se considera imprescindible para todos aquellos interesados en el legado hispanomusulmán en la ciudad de Córdoba y por extensión en Al-Ándalus. Es el complemento perfecto para la visita de la Mezquita de Córdoba. La historia de Medina Azahara comienza con Abderraman, III, y su decisión de construir una ciudad a las afueras de Córdoba, entre los años 936 y 976. Ciudad que en su conjunto va aglutinar las labores tanto administrativas como residenciales del califato.