Nopoki es un proyecto que impulsó  hace más de una década el Vicariato de San Ramón a través del obispo Gerardo Zerdín con la Universidad Católica Sedes Sapientiae de Lima. La Universidad de Nopoki, en la Selva Central de Perú, es también el destino donde ha dirigido la ONG ubriqueña CAPI los fondos obtenidos en los últimos años a través de la Mesa de la Solidaridad del Ayuntamiento de Ubrique. En esta edición unos 7.500 euros, que servirán para la creación de nuevos dormitorios para los estudiantes, en concreto la adquisición de 20 camas literas, con 40 colchones, almohadas y ropa de cama, entre otros.

Nopoki es un espacio educativo para los pueblos indígenas que congrega las diversas etnias de la Amazonía, donde hasta 300 residentes son becados con albergue y comida, dotándolos de la formación necesaria para que sepan defender sus derechos y situarse en el mundo globalizado actual. En Nopoki se forma a los futuros docentes de las comunidades, contando ya con alumnos graduados en ejercicio. Tal y como nos explicaba Curro Morales, «formar a estos jóvenes nos permite darles las herramientas para desarrollarse, Nopoki es una de esas oportunidades». Con el antiguo párroco de Ubrique, hemos conocido en La Mañana como se trabaja en esta zona de la Selva peruana con los programas que se financian desde el Colectivo de Ayuda a los Pueblos Indígenas.

A lo largo de estos años y a través de la Mesa de la Solidaridad, CAPI ha contribuido con sus aportaciones en diferentes actuaciones en la provincia de Atalaya, «Ubrique siempre se ha destacado por ser muy solidaria y desde 2010 está colaborando con nosotros, Entonces teníamos muy poquitas cosas». En esta década Nopoki ha ido creciendo gracias a las aportaciones del Colectivo de Ayuda a los Pueblos Indígenas que ha permitido la construcción del salón de usos múltiples «Ubrique», la adquisición de menaje de cocina, la construcción de los aseos, o el arreglo de las Malokas  de Nopoki, dependencias donde hacen vida los residentes de la Universidad.

El trabajo que desempeña el antiguo párroco de Ubrique, Curro Morales Madina, se desarrollan a través de la parroquia de San Antonio de Padua en  la provincia de Atalaya, donde se encuentra Nopoki. El principal frente es defender a las etnias peruanas, «un mundo amenazado por la riqueza de la Selva y las explotaciones de las multinacionales». A la pobreza se suman las petroleras, la industrias madereras y también las drogas como caballos de batalla, con un gobierno que no siempre vela por los derechos de los indígenas. En este plano se actúa con asesoramiento legal, asegurando el cumplimiento de las leyes, de ahí «la importancia de que estén formados para que no les engañen».

El desarrollo de estas comunidades impulsado por los propios indígenas desde su identidad y respetando su forma de vida, su cultura y tradiciones es lo que se pretende promover, «siendo ellos mismos, sin tener que cambiar, ya hay profesionales indígenas que se han formado para defender los derechos de sus pueblos, pero siempre sin perder su identidad, ya que son ellos los que tienen que motivar ese crecimiento», desde la realidad que los sostiene.

Nopoki, es un buen ejemplo de ello. Allí se forman 300 indígenas, aprenden desde como desarrollar la actividad agraria, hasta computación. Cuando concluyen, regresan a sus comunidades y trabajan desde dentro. En torno al 92 por ciento de los estudiantes que pasan por Nopoki regresan a sus lugares de origen.

Es este precisamente el campo de actuación de CAPI, Colectivo de Ayuda a los Pueblos Indígenas, una ONG local con 16 años de existencia, que aunque en ocasiones puntuales ha trabajado con Kenya, se creó para impulsar proyectos de desarrollo en las comunidades indígenas de Perú. En los últimos tiempos Nopoki ha sido el destinatario de ese apoyo.

Curro Morales Madina