‘Alma Petaquera’ recuerda hoy las soluciones del ingenio marroquinero frente a los habituales cortes de luz

Décadas atrás un pujante sector marroquinero ubriqueño debió aguzar su ingenio para que dicha progresión no se viese frenada por los continuos cortes del suministro eléctrico en aquella España de los 40 y 50. Tal y como recoge el Manual del Petaquero, la producción de Eléctrica de la Sierra, compañía de suministro de la zona de Ubrique, era totalmente insuficiente para atender las necesidades mínimas de una población en constante crecimiento y la luz se iba un día tras otro, en alguna ocasión durante más de una semana incluso. Así nos lo han recordado hoy en ‘Alma Petaquera’ los veteranos petaqueros Prudencio de Miguel, Antonio Avelino, y Juan Ríos, y el director de la Escuela de Artesanos de la Piel, Juan Enrique Gutiérrez, haciendo referencia a los populares Petroman, Carburo, Infiernillo, o quinqué, que servían para contar con luz artificial gracias al mineral (combustible líquido) utilizado.  

Entre los ingenios desplegados, alguna fábrica llegó a utilizar un sistema accionado por una bicicleta, que mediante una correa y una dinamo generaban la electricidad necesaria para alimentar una máquina de rebajar. Las que no podían interrumpir la producción y utilizaban maquinaria, llegaron a comprar generadores que funcionaban con gasolina o gasoil.

La aparición en el mercado de bombillas de mayor potencia (100 vatios) y su utilización, hacía que estas absorbieran mayor consumo en detrimento de las que tenían una potencia más modesta, lo que provocaba que algunos vecinos viesen como las luces que iluminaban su casa menguaban hasta que apenas daban luz. A estas bombillas de mayor consumo se les denominó rateras, y sus usuarios podían llegar a ser multados.

También hemos recordado como un dicho relacionado con los cortes de luz decía: “A las 7 viene y a las 10 no veo”, o la coplilla de carnaval que decía «Esto de la luz es un cahondeo, a las siete viene y a las diez no veo. Por eso mi madre no quiere pagá las 7,50 de la electricidad».

Alma Petaquera 17 febrero 2020, con Prudencio de Miguel, Antonio Avelino, Juan Ríos, y Juan Enrique Gutiérrez

La Escuela de Artesanos agotó más de medio millar de ‘precisos solidarios’ en menos de tres horas

La Escuela de Artesanos de la Piel ha querido agradecer hoy a través del espacio ‘Alma Petaquera’ el masivo apoyo que recibió el pasado sábado su iniciativa del ‘preciso solidario’ para ayudar a la familia Gómez Oñate. El director de la escuela, Juan Enrique Gutiérrez, y los maestros marroquineros Prudencio de Miguel y Antonio Avelino, han destacado la colaboración ciudadana que logró que en apenas tres horas se hubiesen agotado los más de 500 precisos confeccionados al precio simbólico de 5 euros cada uno. Además, un gran número de personas optó por entregar su donativo sin llevarse el preciso.

En cualquier caso, para aquellas personas que no pudiesen pasarse el sábado por el centro de la Avenida de España, la Escuela de Artesanos reservó algunos precisos, que aún pueden conseguirse pasándose por sus instalaciones. Durante la última semana se había trabajado a destajo para contar con el mayor número posible de artículos.

Como en todos los proyectos de la escuela, colaboran empresarios y proveedores, así como el Ayuntamiento de Ubrique, por lo que la recaudación de los precisos podrá ser donada íntegramente.

Hoy en ‘Alma Petaquera’ hemos recordado también que esta tarde arranca la quinta promoción del ‘curso de maquinista’ de la Escuela de Artesanos, y que el próximo 28 de febrero su alumnado estará presente en el Parque de Los Toruños en el Puerto de Santa María para ofrecer una demostración en vivo sobre el proceso de fabricación marroquinero.

Alma Petaquera, 3 febrero 2020

El ‘banquillo’, ‘la banqueta’ o la ‘liara’ hoy en nuestro espacio ‘Alma Petaquera’

El mobiliario, recipientes y el vestuario en la tradición marroquinera ubriqueña han acaparado el protagonismo hoy en nuestro espacio ‘Alma Petaquera’ en ‘La Mañana’ de Radio Ubrique. En concreto, términos como delantal, pañete, banqueta, banquillo, liara o parihuelas, que forman parte del ‘Manual del Petaquero’, y todo ello con el objetivo en común de proteger y poner en valor el patrimonio cultural del sector de la piel. En esta ocasión, con la participación del director de la Escuela de Artesanos, Juan Enrique Gutiérrez, y los integrantes del grupo de expertos Prudencio De Miguel, Antonio Avelino, Rafael Benítez, y Martín Blanco.

Como se recoge en el Manuel del Petaquero, y uniendo con el programa de la pasada semana, hemos recordado la habitual ropa de trabajo en las antiguas fábricas, como era el delantal en el caso de las petaqueras, y el pañete los petaqueros. Hoy día aún se mantienen en menor medida, aunque con más colores además del blanco, y con mayor presencia de batas.

En el capítulo de mobiliario del sector marroquinero, nos ocupábamos de la ‘banqueta’ o mesita auxiliar de madera con una bandeja en su parte
superior que se colocaba al lado de cada petaquero en los laterales de la mesa de trabajo. La banqueta se utilizaba para depositar las herramientas, pues la mayoría de las mesas de trabajo carecían de cajones, así como los ‘moldes’, los ‘monta vistas’, las ‘figuras’ para recortar, etc. También se utilizaba para situar cartones a medida donde se colocaban las piezas pegadas con almidón.

Por su parte, el ‘banquillo’ era el asiento tradicional del artesano marroquinero ubriqueño y la utilización de la palabra iba más allá de su función. Todos en Ubrique conocemos la expresión popular “Ir al banquillo” que significa ir a trabajar. Los banquillos se desgastaban en los travesaños donde se apoyaban los pies, por lo que no era de extrañar que algunos contaran con una marca característica. Los destinados al bolso eran más
altos, pues las mesas eran de mayor altura.

En Alma Petaquera también hoy hemos recordado la ‘liara’, un recipiente que se elaboraba con parte de la asta aserrada de un toro o vaca, y que servía para contener el engrudo o almidón. En su parte más ancha, la de abajo, se colocaba un corcho a la manera de cierre. Cuando había corrida de toros, los petaqueros se acercaban al matadero para solicitar los cuernos del astado, que enterraban para luego poder sacarle el tuétano con mayor facilidad. Un carpintero era, usualmente, el encargado de realizar las liaras y de un cuerno se solían sacar dos.

Además, entre este mobiliario y herramientas con gran protagonismo de los carpinteros se encontraba también la ‘parihuela’, una plataforma de madera con dos asideros a cada lado que se utilizaba para transportar entre dos personas todo tipo de cosas para las fábricas. En casi todas había una parihuela para el envío de cajas o paquetes. Se enviaban a Correos y a transportistas que tenían el servicio de Renfe, y a otros que hacían rutas hacia Sevilla preferentemente.

‘Alma Petaquera’, 20 enero 2020

El desayuno y el ‘pisto’, así como el pañete y el delantal, hoy en el espacio ‘Alma Petaquera’

En ‘La Mañana’ de Radio Ubrique segundo programa hoy de ‘Alma Petaquera’, un espacio en el que abordamos diferentes temas siempre con el patrimonio de la marroquinería ubriqueña como hilo conductor y siguiendo la línea de trabajo desarrollado por el Manual del Petaquero impulsado desde la Escuela de Artesanos de la Piel. En esta jornada hemos rescatado el desayuno y el pisto petaqueros, los utensilios que se utilizaban para estas actividades -jarrillo de lata, el molinillo de café o el búcaro-, y las prendas petaqueras por excelencia como son el pañete y el delantal. Todo ello gracias al director de la escuela de artesanos Juan Enrique Gutiérrez, y los ubriqueños Juan Ríos, Prudencio De Miguel, Manuel Gago, Antonio Avelino, Rafael Benítez, y Martín Blanco.

El desayuno de un petaquero consistía, por lo general, en un café, mejor dicho, en una mezcla de malta en mayor proporción que el primero, cuyos granos eran molidos en un molinillo y,
si no se contaba con uno, con una botella de cristal que hacía las veces de rodillo.

La rebanada de pan podía albergar manteca de cerdo, aceite o una sardina en arenque. Las sardinas en arenque se vendían por unidades depositadas en unas grandes cajas redondas que se mostraban a la vista. Una costumbre a la hora de su manipulación, una vez comprada, era liarla en un papel y apretarla con una puerta a su marco.

Algo curioso lo constituía el hecho de que no había establecido en las fábricas ninguna hora fija para el desayuno de los petaqueros y petaqueras y para el tiempo que necesitaban para hacerlo, por lo que cada cual lo hacía a su conveniencia. Se desayunaba encima de la losa de la mesa donde se trabajaba. Al finalizar, solía ir la persona al grifo de la pilita de agua que se situaba por lo general en la puerta de los aseos para lavarse las manos y continuar el trabajo.

El pisto solía consistir en un trozo de pan con chocolate, manteca de cerdo o carne de membrillo, o en una fruta. Al igual que con el desayuno, no había una hora fija para el pisto ni para degustarlo, por lo que había libertad de hacerlo cuando se quisiera. El pisto llegó a ser muy habitual en Ubrique, extendiéndose su uso a los escolares que, en los años 60 y 70 del pasado siglo, iban a la escuela en horario de mañana y tarde.

El jarrillo de lata primigenio se fabricaba con una lata de conserva (leche condensada, por ejemplo) reutilizada. Este carecía de tapa, por lo que para que el café contenido en ella no se enfriara antes de tiempo, se tapaba con una rebanada de pan encima, muchas veces envuelto en papel de estraza, el cual, por cierto, también se reutilizaba en sucesivas ocasiones. Normalmente, eran las madres y algún chiquillo que aún no iba a la escuela los encargados de llevarlos a sus allegados a las fábricas. Algunas mujeres llegaban a portar hasta cuatro jarrillos de lata.

El delantal era la ropa de trabajo de las petaqueras, como el pañete era el de los petaqueros. En este caso, de la uniformidad del pañete se pasaba a la variedad del delantal, que recogía los gustos y costumbres de su portadora. Toda esta información y anécdotas procede del Manual del Petaquero, que aún puede adquirirse en las librerías de nuestra localidad, en lo que constituye un gran regalo para estas navidades.

Alma Petaquera, 23 dic 2019

Estrenamos hoy en La Mañana «Alma Petaquera» tertulia de mayores sobre el patrimonio marroquinero

El pasado mes de julio se presentaba el Manual del petaquero. Patrimonio cultural de la piel de Ubrique. Un proyecto promovido por  la Asociación La Piel de Ubrique ‘Bypiel’ y asesorado por un grupo de expertos petaqueros  que reunidos dos veces por semana compartían entre otros aspectos el trabajo de la piel y la experiencias de una generación marcada por el impulso de la marroquinería en Ubrique. Veteranos, algunos de ellos octogenarios o en camino, que con sus aportaciones han hecho historia local, una historia que es la de muchos ubriqueños anónimos que han contribuido con su quehacer marroquinero diario a construir nuestra localidad tal y como la conocemos en la actualidad.

Paras nutrirnos de su experiencia estrenábamos hoy en La Mañana de Radio Ubrique una serie de intervenciones radiofónicas que nos llevará abordar distintas temáticas, manteniendo como hilo conductor el patrimonio de la marroquinería ubriqueña y siguiendo la línea del trabajo desarrollado por el Manual del Petaquero y la exposición realizada este pasado verano.

En nuestra primera tertulia nos han acompañado, Juan Enrique Gutiérrez, como impulsor de este espacio que ha sido bautizado con la denominación «Alma Petaquera», junto con los ubriqueños Juan Ríos, Prudencio De Miguel, Manuel Gago, Antonio Avelino y Rafael Benítez. Con ellos hemos hablado de «Los Mediodías» y el Día de los Paseos, una tradición que ya perdida, se recuerda con añoranza.

FOTO: Petaqueras de Manufacturas ALFA en un “mediodía” de mediados de la década de 1950. Fuente: Manual del Petaquero (2019), pág. 685, obra auspiciada por la Escuela de Artesanos de la Piel de Ubrique.

FOTO: Petaqueras de Manufacturas ALFA en un “mediodía” de mediados de la década de 1950. Fuente: Manual del Petaquero (2019), pág. 685, obra auspiciada por la Escuela de Artesanos de la Piel de Ubrique.

Según el Manual del Petaquero, Los Mediodías correspondían a «media jornada del lunes dedicaba al esparcimiento de los petaqueros. En invierno, tras sucesivos días ininterrumpidos de mal tiempo, cuando llegaba un lunes soleado, los petaqueros “más dispuestos” improvisaban y corrían la voz en las empresas para solicitar medio día a sus jefes. Algún papelito llegaba al jefe de taller o la intención era trasladada por el enlace del sindicato, formas había varias, pero el objetivo era el mismo: echar un día entero, o mediodía la mayor parte de las veces (en esas ocasiones no había tanta chicha, pues ya se iba comido), en alguna de las Viñas de Ubrique. Las mujeres también participaban.  De todas formas, que nadie se engañe: esas horas se recuperaban en los días siguientes».

De esta misma manera nos lo han explicado los protagonista de aquellos Mediodías ,una tradición que llegaba a encadenar hasta 13 lunes de mediodía en otoño y que cuando empezaba moverse, «no lo paraba nadie».

La falta de regularización laboral y la sobrecarga de trabajo con jornadas de más de 48 horas laborales de lunes a domingo, que se prolongaban con las tareas por cuenta que se llevaban a casa, propiciaba este descanso como vía de escape en la jornada de los lunes, siempre los lunes y siempre en otoño. Los Mediodías empezaban después de feria, en un periodo en el que se auguraba el mayor volumen de producción, los meses antes de Navidad. Ante esta realidad, nace de manera espontánea, los Mediodías, muchas veces promovido incluso por los propios fabricantes y siempre con su respaldo. Y es que al final la producción se acababa sacando con o sin descanso de Mediodías.  

Si con los Mediodías los hombres se iban de viñas y las mujeres a pasear, con el Día de los Paseos, el grupo se reunía sin distinción para disfrutar de un día de campo, cargado de castañas y boniatos. Una jornada en Ubrique no laboral y sin remunerar,donde los petaqueros no iban a las fábricas.

FOTO: Familiares y amigos ubriqueños en un Día de los Paseos de finales de la década de 1950. Manual del Petaquero (2019), pág. 671, obra auspiciada por la Escuela de Artesanos de la Piel de Ubrique.

En el Manual del Petaquero, se describe la celebración del Día de los Paseos: «el 2 de noviembre (Día de los Fieles Difuntos) las familias de Ubrique tradicionalmente se reunían e iban a comer al campo. Los petaqueros dejaban atrás sus pañetes y las petaqueras sus delantales en un día de campo para pasar junto a sus familias. Las personas se desplazaban a pie y la zona en la que se acostumbrada a pasear y a parar se extendía desde Las Cumbres hasta La Variante, por la carretera antigua a la actual. Más tarde, la zona se amplió a la subida de Benaocaz, a la altura de la Viña El Boniato y Santa Lucía. Los petaqueros dejaban atrás el pañete y disfrutaban un día en excelente compañía. Esta costumbre, por desgracia, desapareció a principios de los años 70».

El Día de San Blas el 3 de febrero también como tradición con la subida a Benaocaz, por la calzada de Ubrique hasta la «Cabeza del Toro», se beneficiaba de la jornada de mediodía.

Todas estas tradiciones, especialmente los lunes de Mediodía y el Día de los Paseos desaparecería en la década de los 70 con la llegada de una mayor regularización laboral en el sector.

«Alma Petaquera». Los Mediodías y el Día de los Paseos.