En ‘La Mañana’ de Radio Ubrique segundo programa hoy de ‘Alma Petaquera’, un espacio en el que abordamos diferentes temas siempre con el patrimonio de la marroquinería ubriqueña como hilo conductor y siguiendo la línea de trabajo desarrollado por el Manual del Petaquero impulsado desde la Escuela de Artesanos de la Piel. En esta jornada hemos rescatado el desayuno y el pisto petaqueros, los utensilios que se utilizaban para estas actividades -jarrillo de lata, el molinillo de café o el búcaro-, y las prendas petaqueras por excelencia como son el pañete y el delantal. Todo ello gracias al director de la escuela de artesanos Juan Enrique Gutiérrez, y los ubriqueños Juan Ríos, Prudencio De Miguel, Manuel Gago, Antonio Avelino, Rafael Benítez, y Martín Blanco.

El desayuno de un petaquero consistía, por lo general, en un café, mejor dicho, en una mezcla de malta en mayor proporción que el primero, cuyos granos eran molidos en un molinillo y,
si no se contaba con uno, con una botella de cristal que hacía las veces de rodillo.

La rebanada de pan podía albergar manteca de cerdo, aceite o una sardina en arenque. Las sardinas en arenque se vendían por unidades depositadas en unas grandes cajas redondas que se mostraban a la vista. Una costumbre a la hora de su manipulación, una vez comprada, era liarla en un papel y apretarla con una puerta a su marco.

Algo curioso lo constituía el hecho de que no había establecido en las fábricas ninguna hora fija para el desayuno de los petaqueros y petaqueras y para el tiempo que necesitaban para hacerlo, por lo que cada cual lo hacía a su conveniencia. Se desayunaba encima de la losa de la mesa donde se trabajaba. Al finalizar, solía ir la persona al grifo de la pilita de agua que se situaba por lo general en la puerta de los aseos para lavarse las manos y continuar el trabajo.

El pisto solía consistir en un trozo de pan con chocolate, manteca de cerdo o carne de membrillo, o en una fruta. Al igual que con el desayuno, no había una hora fija para el pisto ni para degustarlo, por lo que había libertad de hacerlo cuando se quisiera. El pisto llegó a ser muy habitual en Ubrique, extendiéndose su uso a los escolares que, en los años 60 y 70 del pasado siglo, iban a la escuela en horario de mañana y tarde.

El jarrillo de lata primigenio se fabricaba con una lata de conserva (leche condensada, por ejemplo) reutilizada. Este carecía de tapa, por lo que para que el café contenido en ella no se enfriara antes de tiempo, se tapaba con una rebanada de pan encima, muchas veces envuelto en papel de estraza, el cual, por cierto, también se reutilizaba en sucesivas ocasiones. Normalmente, eran las madres y algún chiquillo que aún no iba a la escuela los encargados de llevarlos a sus allegados a las fábricas. Algunas mujeres llegaban a portar hasta cuatro jarrillos de lata.

El delantal era la ropa de trabajo de las petaqueras, como el pañete era el de los petaqueros. En este caso, de la uniformidad del pañete se pasaba a la variedad del delantal, que recogía los gustos y costumbres de su portadora. Toda esta información y anécdotas procede del Manual del Petaquero, que aún puede adquirirse en las librerías de nuestra localidad, en lo que constituye un gran regalo para estas navidades.

Alma Petaquera, 23 dic 2019