Este viernes, dentro de nuestro espacio dedicado a la Seguridad Vial, hemos retomado la importancia de desligar el consumo de alcohol y la conducción. Coincidiendo con la tradicional campaña especial de control y vigilancia frente a alcohol y drogas que la DGT pone en marcha durante las fiestas navideñas, y que en esta ocasión se desarrollará desde el lunes 15 al domingo 21 de diciembre, hoy hemos recordado junto a Pedro Fernández, director de Autoescuela Los Cedros, que el alcohol es uno de los factores de riesgo más frecuentemente implicados en los accidentes de tráfico. Según los datos de la DGT, el alcohol está presente entre el 30% y 50% de los accidentes mortales. Son muchas las muertes que se pueden evitar si todos hacemos un consumo responsable del alcohol y nunca conducimos bajo sus efectos.

El alcohol es una sustancia psicoactiva muy presente en nuestra sociedad, su consumo se asocia a múltiples y graves patologías. Es un problema sobre el que no existe suficiente conciencia en relación con los perjuicios que ocasiona, tanto a nivel de la salud, como en las relaciones familiares, laborales, sociales, etc. Se trata de un depresor del Sistema Nervioso Central que altera tanto la aptitud como la actitud para conducir e incrementa el riesgo de verse involucrado en un accidente de tráfico. En su primera fase, produce un efecto euforizante, que da lugar a pérdida de control, disminuye la percepción del riesgo, modifica el comportamiento y  deteriora la función psicomotora, todo ello altera la  capacidad para conducir un vehículo.

Existe la  percepción de que el riesgo de accidente se asocia únicamente  a niveles de consumo muy elevados, pero sus efectos negativos sobre la capacidad de conducir se observan incluso con niveles bajos de consumo. A medida que aumenta la cantidad de alcohol en el organismo, lo hace el riesgo de accidente: con una alcoholemia de 0,5 gr de etanol por litro de sangre se  multiplica por dos el riesgo de sufrir un colisión, y con 0,8 gr/l el riesgo es 5 veces mayor, y  continua aumentando a medida que lo hace el nivel de alcohol en sangre.

No sólo aumenta el riesgo de sufrir un accidente, también lo hace el riesgo de sufrir  lesiones y la probabilidad de que estas sean mortales. El riesgo es aún mayor en los conductores jóvenes, en los que se une a la inexperiencia con el alcohol la inexperiencia en la conducción, hecho que justifica que el legislador haya establecido en la norma, como veremos más adelante, niveles de alcoholemia menores para los conductores en los dos primeros años del permiso. Si beber y conducir se convierte en algo habitual, que el accidente se produzca es una mera cuestión de tiempo. Por todo ello, la única tasa realmente segura es 0,0 g/l.

La tasa de alcoholemia representa el volumen de alcohol que hay en la sangre y se mide en gramos de alcohol por cada litro de sangre (g/l) o su equivalente en aire espirado. Aún por debajo del límite legal, el riesgo de accidente puede verse ya incrementado. Por ello, lo mejor es evitar conducir después de haber consumido cualquier cantidad de alcohol. La única tasa realmente segura es 0,0 g/l.

La tasa de alcoholemia que alcances tras un consumo de alcohol puede variar mucho. Por ello, aunque creas conocer tus límites, es realmente fácil que el alcohol acabe por darte una mala sorpresa. Lo mejor es siempre no beber si vas a conducir. Tras su ingesta, el alcohol se absorbe en el aparato digestivo, aproximadamente un 20-25% en el estómago y la mayor parte en el intestino delgado, desde donde pasa a la sangre alcanzando la mayor concentración después de 30 – 90 minutos. La velocidad de absorción se puede modificar por los alimentos, el tipo de bebida, el tiempo transcurrido, o el grado de habituación o tolerancia de cada persona al alcohol.

El alcohol puede empezar a detectarse en la sangre a los 5 minutos de haberlo ingerido y alcanza su máximo nivel entre los 30 y 90 minutos siguientes. A partir de este momento, comienza a desaparecer lentamente de la sangre hasta su completa eliminación. Una persona con un nivel de alcoholemia de 1g/l puede necesitar entre 6 y 10 horas para que su nivel de alcoholemia baje del nivel máximo permitido. Aún por debajo del límite legal, el riesgo de accidente puede verse ya incrementado. Por ello, lo mejor es evitar conducir después de haber consumido cualquier cantidad de alcohol.

Pedro Fernández, director de Autoescuela ‘Los Cedros’