Conducir bajo la lluvia obliga a tener en consideración unos mayores niveles de precaución. Con lluvia la distancia de frenado se alarga y la visibilidad se reduce, es por ello que cobra una vital importancia evitar las maniobras bruscas, aumentar la distancia de seguridad, reducir la velocidad o llevar los neumáticos en buen estado, para evitar acabar haciendo acuaplanin. De como afrontar la conducción en circusnatncias meteorológicas adversas hemos hablado hoy en el espacio de Seguridad Vial que cada viernes le ofrecemos en La Mañana con Pedro Fernández de Autoescuela Los Cedros.  

Con la aparición de la lluvia hay que tener en cuenta aspectos como la adherencia, ya que  con el asfalto mojado la frenada se alarga, la estabilidad del coche queda com­prometida y es mucho más fácil tener un accidente. Una posibilidad que se reduce drásticamente lle­vando los neumáticos con dibujo y presión correctos. Porque con este fenómeno climático la adherencia de las ruedas es clave.

La lluvia también puede popiciar que se den fenómenos como el acuaplanin, que aparece cuando el neumático no es capaz de desalojar el agua de la carretera por falta de dibujo, baja presión, velocidad inadecuada o por culpa de una zona de agua encharcada. Entonces, las ruedas flotan y se puede llegar a perder el control del vehículo. En este caso, hay que sujetar el volante con fir­meza, no frenar a fondo y corregir la trayectoria suavemente cuando se recupere el agarre.

Es por ello que cobra especial importancia el estado de los neumáticos y la profundidad mínima del dibujo que debe ser de al menos 1,6 milímetros, aunque es recomendable no dejar que se desgasten tanto. Y muy impor­tante, conocer y aplicar la presión adecuada recomendada por el fabricante para evitar desgastes asimétricos, mayor gasto de com­bustible y que aumenten las posi­bilidades de hacer acuaplanin.

Mantener la distancia de seguridad puede ser vital. Con el suelo deslizante por la lluvia es muy recomendable aumentar considerablemente la distancia de seguridad respecto al coche que nos precede, sobre todo de cara a evitar que, en una frenada imprevista, impactemos contra el coche de delante al alargarse la fre­nada por el estado del piso. Detener un coche con el suelo resbaladizo nos va a costar más tiempo y espacio que si el suelo estu­viese seco. De hecho, diversos estudios concluyen que la di­ferencia entre frenar en asfalto seco a 90 km/h y hacerlo con el piso mojado es de 32 metros más. Por ello, es imprescindible que au­mentemos la distancia de seguridad.

Hay que tener en cuenta que cuando llueve, las hojas caídas de los árboles al asfalto pueden alar­gar la frenada como si hubiese hielo y que con llu­via y frío lo normal es que las lu­nas del coche tiendan a empañarse. Como ya ocurría con nieve y hielo, lo más adecuado es mezclar el aire acondicionado con el calor de la ca­lefacción y dirigir esta mezcla hacia la luna delantera. Por todo ello se recomienda suavizar las maniobras, reducir la velocidad y activar las luces de cruce, algo que ten­drán que hacer de forma manual también los que dispongan de un sistema de encendido automático.

Del mismo modo hemos aludido a las ventajas de contar con mecanismos que ayudan en la conducción. La dotación de vehículos con el aviso de colisión con autofrenado, el arranque en pendiente, sensores de lluvia, retrovisores calefactados o los detectores de piso mojado y el sistema electrónico de estabilidad que detecta que se pierde el control, actuando sobre los frenos de cada rueda para mantener el coche en su trayectoria, han sido algunos de los aspectos señalados.

Seguridad Vial 21 de noviembre 2025