De todos es conocida la importancia de las legumbres en la dieta mediterránea como base de nuestra alimentación, gracias a su aporte proteico. La mejora vegetal para asegurar la producción y calidad de los cultivos de las leguminosas y responder así al aumento constante en la población mundial, es uno de los objetivos en los que trabaja el ubriqueño Diego Rubiales Olmedo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Agricultura Sostenible (IAS) de Córdoba. A través del Departamento de Mejora Genética Vegetal, como responsable de uno de los cuatro grupos de investigación que lo conforman, en concreto el que aborda la mejora vegetal por resistencia a estreses, trabaja para crear las mejores leguminosas adaptadas a la cuenca mediterránea, afrontando el reto de adaptarse al cambio climático, las sequías y las plagas, y sobre todo ser más productivas.

Hoy en La Mañana de Radio Ubrique hemos conocido este trabajo que ha tenido y tiene una amplia repercusión en medios especializados de divulgación científica y atención en medios generalistas, difundiendo además, el desempeño de un ubriqueño en el mundo científico y académico como fuente de inspiración para muchos jóvenes, que precisamente en estos tiempos, deciden con incertidumbre sus vocaciones de futuro. A ellos les recomienda que estudien “algo que les guste y que trabajen en algo que les satisfaga”. El esfuerzo se da por sentado, sin embargo rompe una lanza a favor de la carrera científica “tiene mala fama, pero yo he criado a cerca de 40 doctores aquí y ninguno ha estado ni un solo día en el paro”.

Con más de cuarenta años a sus espaldas como investigador del CSIC, en Diego Rubiales la inquietud por conocer se mantiene intacta. Una dedicación incansable que no cesa y es que tal y como reconoce, “sarna con gusto no pica”. Ese empeño se transforma en los éxitos cosechados, no sólo en la ciencia base con estudios y  publicaciones bien posicionadas, sino también en la ciencia aplicada al sector agrícola. Para ello se interactúa con empresas que se dedican al desarrollo de variedades, donde no existe ese ámbito de investigación. “Nosotros estamos avanzando generaciones, probando en el campo, cruzando variedades, intentando acelerar con técnicas modernas”, para que cuando el “agricultor compre semilla de siembra, incluya resistencia a los estreses fundamentales de la zona, sean más competitivas” y tengan calidad nutricional. Se trata de tecnificar el campo, “no estamos inventando nada, la mejora genética la llevan haciendo años los agricultores, ahora intentamos acelerar el proceso con las nuevas técnicas”.

Tampoco es nuevo el papel  que desempeña las leguminosas en las rotaciones de los cultivos como abono para la tierra, ya lo decía escritor agronómico romano de Hispania, Columela, antes de que se descubriera “la bacteria que hace simbiosis con la leguminosas y fija el nitrógeno en el suelo”. Y es que “tener una leguminosa en la rotación es uno de los pilares de la agricultora sostenible”, “no se trata de sustituir a otros cultivos”, señala el científico ubriqueño, “sino que en una explotación se siembre en rotación leguminosas, para mejorar las propiedades del suelo”.

El cultivo de las leguminosas cayó en declive en la década de los 60 cuando este producto comenzó a identificarse como “la proteína del pobre”. Entonces se consumía entre doce y trece kilos de legumbres por persona y año, hoy consumimos tres, supliéndola por la proteína animal y la ingesta de carne. En la actualidad, la poca que forma parte de nuestra dieta alimentaria la tenemos que importar de terceros países, ya que “no somos capaces de producirla en España a precios competitivos, la tecnificación ha ido a los cereales y las leguminosas han quedado marginadas”. En el caso de la siembra de leguminosas como cultivo forrajero el escenario es incluso peor, “España es líder en producción de piensos compuestos, pero la proteína viene de la soja y España no produce soja”, dependemos de nuevo de la importación.

Para cambiar esto y contar con semillas de leguminosas rentables para el campo, capaces de resistir a las plagas y que se cosechen mucho más temprano que las de los países competidores, trabaja el equipo de investigación que dirige Rubiales en el Instituto de Agricultura Sostenible.

Biólogos, ingenieros de montes y agrónomos de diversos países, conforman un grupo multidisciplinar que abordan el estudio a nivel molecular (genes, proteínas, metabolitos, rutas de señalización),  celular (determinación microscópica de los mecanismos de resistencia),  de planta (estudios fisiológicos), y de cultivo (fenotipado en campo, mejora y selección, mezclas de cultivos). Todo ello para conseguir las mejores semillas de alubias, garbanzos, lentejas, guisantes o habas que se adapten a nuestro clima, resistentes a enfermedades y plagas, así como aquellos estreses ambientales abióticos, principalmente aquellos que afectan al área mediterránea. En este contexto se sitúa el  proyecto “Mejoramiento de leguminosas europeas para una mayor sostenibilidad”, BELIS, financiado por el programa Horizonte Europa en el que participan 34 socios, incluidos institutos técnicos y de investigación, mejoradores y empresas de semillas, así como otros actores relevantes en el sector de leguminosas de 18 países (15 de la UE, Suiza, Reino Unido y Líbano) con el objetivo principal de mejorar la sostenibilidad de las leguminosas que se cultivan en Europa.