FOTO: Saúl Santos (https://www.instagram.com/saulsantosfotografia/)

El volcán en la Cumbre Vieja de La Palma lleva seis días en erupción, con la ya certeza de que los daños serán enormes. La erupción ha obligado a desalojar por el momento a unas 6.000 personas y ha arrasado ya 350 edificaciones. La superficie afectada por las coladas es de 172 hectáreas en toda la isla, en un perímetro de más de 17 kilómetros. En La Mañana de Radio Ubrique hemos querido acercarnos hasta La Palma, para mediante el testimonio de uno de sus residentes conocer la situación que se está viviendo en la isla.  Para ello, hemos contactado con Ana Arrocha, un palmera de nacimiento, vinculada a nuestra localidad por matrimonio. Casada el ubriqueño José Ríos y vecina de nuestro municipio en la década de los 80, reside desde hace más de 30 años en Santa Cruz de La Palma. Junto a su familia, está viviendo estos días con inquietud y desazón el padecimiento de las personas afectadas y es que si bien no ha habido daños personales a causa de los efectos del volcán, los materiales son considerables. Familias enteras se están quedando sin hogar, sin su medio de vida y sin su lugar en el mundo.

Según la web «Riesgo volcánico» del Cabildo de La Palma, en la última semana se han registrado 1.130 seísmos en la zona. Estos se han dejado notar también en la capital de La Palma, donde ya están habituado al temblor de los cristales y las vibraciones que provocan los movimientos sísmicos. A las cenizas, que empezaron a notarse ayer no estaban acostumbrados, tampoco al ruido constante del volcán en erupción, que llega a pesar de estar a una distancia de casi 12 kilómetros de distancia. Es un recordatorio constante del drama que están viviendo las familias afectadas, que se recrudece con el paso de los días.

«Al principio había mucha calma» pero fue a partir del lunes cuando empezaron a darse cuenta del drama que se avecinaba, «la gente empezó a quedarse sin casa»

«Al principio había mucha calma», nos explicaba Ana Arrocha, pero fue a partir del lunes cuando empezaron a darse cuenta del drama que se avecinaba, «la gente empezó a quedarse sin casa». Las coladas se lo están llevando todo por delante «se han llevado casas, negocios…estamos horrorizados». Ana trabaja en acción social en el ámbito sindical y se ha desplazado en estos días a la zona del volcán para atender a las personas realojadas, intentando dar apoyo emocional ante estampas de impotencia y desolación. Recuerdos de toda de una vida que hay que empaquetar con premura, «como se empaqueta en diez minutos tu vida».

Ante esto, toda ayuda es poca y afortunadamente «ha habido mucho ofrecimiento», no puede ser de otro modo si se atiende a la idiosincrasia canaria, «aquí en La Palma la vecindad es como en los pueblos, se mantiene el contacto con los vecinos» y se atiende a sus necesidades. Las campañas de recogida de dinero y de materiales para los damnificados se han disparado en estos pocos días, los canarios se han volcado en la ayuda emocional y económica, «aquí estamos todos así, tenemos que apoyar a los más vulnerables».  Sin embargo, preocupa el mañana, el qué pasará cuando la atención mediática disminuya. Para Ana Arrocha habría que buscar una fórmula para evitar desubicar a todas estas familias de su hogar, para que no queden desarraigados y aquí las administraciones, sin duda, tienen que implicarse. No en vano es su obligación, «para que esto no se olvide».

A pesar de todo, reconoce que los desalojos han sido rápidos, se han establecido perímetros de seguridad y hasta la fecha no ha habido que lamentar daños personales. No fue así en 1971, cuando entró en erupción el volcán en Teneguía. Con tan 9 años, Ana recuerda el fallecimiento de una persona por inhalación de humos. La circunstancias no fueron las mismas, comenta, no había casas que arrasar y estaba cerca del mar.

Ana confía en los científicos y de momento no hay temor desde su lugar de residencia en la capital. En el caso de que existiera, no dudaría en volver a Ubrique, donde recuerda que tan bien se sintió.

Ana Arrocha